El Coloso de Módena, Ni la muerte ha podido llevarse a Pavarotti

alcaldia benito juarez

Ciudad de México.- Considerado el heredero directo del lugar que dejó vacante el ilustrísimo Enricco Carusso, Luciano Pavarotti es la mayor figura del canto lírico en la segunda mitad del siglo XX. 

 

Su historia es la de los grandes, habiendo nacido en el seno de una familia pobre no tenía muchas posibilidades de estudiar música, y estudió para ser profesor de escuela. Al parecer el talento lo heredó de su padre, quien era panadero, pero también un amante de la música y cantante amateur. 

 

Se mantuvo como docente por dos años, pero se decidió a buscar la formación vocal que requería, por lo que con 19 se decidió a buscar su sueño y consiguió ser entrenado por el maestro Arrigo Pola.

 

Durante los seis años que duró su formación se vio obligado a volver a trabajar, por lo que regresó a dar clases y vendió seguros. Comenzó a tomar clases con Ettore Campogalliani, en donde conoció a la soprano Mirella Frenni, quien sería su amiga y colega. También durante estos seis años recibió primer premio en el “Eisteddfod Internacional” en Llangollen, Gales mientras formaba parte del “Corale Rossini”. Por desgracia no todo fue bueno, y fue también durante esos años que desarrollo un nódulo en las cuerdas vocales, del que al final logró recuperarse no sin extremos cuidados.

 

Primeros 20 años

Para 1961 debutó con una ópera de Giuseppe Verdi ejecutando el rol de Rodolfo en “La Traviata” en un pequeño teatro Romolo Valli Municipal Theatre. Pasaron dos años antes de que él pudiera llegar a un escenario de relevancia nacional. En la Ópera Estatal de Viena personificó el papel anterior y al Duque de Mantua en la ópera “Rigoletto”. También durante ese año le llegaría su primer gran oportunidad, ya que reemplazó al gran Giuseppe Di Stefano en una temporada para el Royal Opera House de Londres. En su estancia en este país pudo coincidir con la famosa soprano Joan Sutherland y su esposo, quienes buscaban un tenor joven y de presencia imponente que la acompañara en su gira por Australia, por lo que supieron que Luciano era su hombre.

 

Posteriormente le toco protagonizar junto a Sutherland la Lucia de Lammermoor de Donizetti en 1965 en la Gran Ópera de Florida, Estados Unidos. Unos meses después regresó a interpretar su Rodolfo, pero esta vez en el escenario más importante de la ópera, la Scalla de Milán bajo la dirección de nada menos que el mítico Herbert von Karajan.

 

Para 1966, ya reconocido en la escena operística mundial realizó la hazaña que lo consagró, protagonizando “Le Fille Du Régiment” de Donizetti, cuya aria “A mes Amis” le ganó uno de los muchos motes honrosos que ostentaría: “el Rey del Do Agudo”.

 

Después de esto sus papeles se enfocaron en el repertorio belcantista, teniendo el repertorio lleno de Donizetti, Puccini y Verdi, pero llegó también a interpretar el “Idomeneo” de Mozart o “El Caballero de La Rosa” de Strauss.

 

Vale mucho la pena hablar de la voz de Pavarotti. Su rango vocal era el de tenor, con notas del C#5 al F5. Debido a que las características de los cantantes son únicas, la voz de Luciano era poco usual. El tipo de tenor que era se llama “tenor lírico” cuyos principales atributos son la capacidad de proyectar notas altas, en lo cual él estaba por demás consumado, pero a diferencia de la regla general, de que entre más se avance en las notas la voz se va diluyendo, el timbre vocal de Luciano mantenía su color, calidez y potencia. No es de extrañarse que su voz tuviera la capacidad de interpretar papeles que requieren una agilidad vocal brillante, a la vez que lograba dar bellos matices a las notas obscuras de las arias dramáticas. Esta exquisita dualidad le trajo una capacidad inigualable para encarnar los papeles de las máximas obras belcantistas aún a su edad madura.

 

Los otros 20

La carrera de Luciano se extendió por más de 40 años. En la década de 1980, ya consumado como estrella internacional hizo su propio certamen lírico. En el año 1982 fue condecorado con la medalla nacional de la orden de los Cavaliere di Gran Croce Ordine al Merito della Repubblica Italiana por su trayectoria.

 

Dado que siempre fue un amante de futbol participó de muy buena gana en la inauguración de la Copa Mundial FIFA 1990 en Italia, donde terminó de inmortalizarse en la memoria colectiva con su mítica interpretación del aria “Nessun Dorma” de la ópera “Turandot” (es la de “Vinceroo, Vinceerooo!!!”). Después de esto llegó la serie mundial de conciertos titulada “The Tree Tenors” a lado de los españoles Plácido Domingo y José Carreras trajo una cálida recepción del público no afecto a la música clásica y convirtió el álbum homónimo que lanzaron en el más vendido de la historia de las grabaciones de este tipo.

 

Su presencia en las causas filantrópicas fue bastante frecuente. Esto era motivo de que comúnmente realizara conciertos masivos gratuitos o de beneficencia; así como colaboraciones con artistas de la talla de Sting, James Brown, Elton John, Michael Jackson o Bono (de quien fue un gran amigo) para apoyar a la fundación “War Child”. Su generosidad también se extendió a las muchas veces que realizó clases magistrales en universidades de música y a la creación de recintos donde se formaran músicos y cantantes.

 

Para el año 200 ya había instaurado como costumbre su participación en la clausura de las copas mundiales, por lo que llegó a ser parte del espectáculo en los años 1994, 1998 y 2002; pero lamentablemente ya no hubo 2006. Para este momento ya estaba trabajando su retiro de la escena musical, en 2014 dio du última función de ópera en el Metropolitan Opera House interpretando a Mario Cavaradossi de “Tosca” y tenía programada una gira mundial con más de 40 conciertos; pero su salud comenzó a deteriorarse. Su última aparición en un escenario fue en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Turín en el año 2016.

 

Murió en su casa un 6 de septiembre de 2006 víctima de cáncer en el páncreas.

 

Finalmente cabe mencionar que su legado musical, si bien no fue tan variado como el de otros notables de la lírica si posee una riqueza interpretativa y vocal poco usuales (más en esta época), marcando nuevos estándares y dejando unos zapatos enormes por llenar, ya que, sin temor a equivocaciones, lo que escuches cantado por él te gustará.

 

P.D.: Como consejo amistoso sugiero que escuches el aria “E lucevan le Stelle” de la ópera “Tosca”, sobre todo si esta no te gusta, puede que cambies de opinión.

 

 

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