Dos de octubre no se olvida: 52 años de la masacre en Tlatelolco

Benito Juárez

Ciudad de México.- Hoy viernes 2 de octubre de 2020 se cumplen 52 años de uno de los episodios más sangrientos y lamentables, pero también uno de los más políticos, combativos y de unidad social, que se han vivido en la historia de nuestro país: la matanza estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco 1968.

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Un conflicto que meses atrás comenzaba con el asesinato de estudiantes de una Vocacional del IPN y la exigencia del cese de la represión policiaca hacia los estudiantes de las distintas casas educativas del país, había ya escalado al grado de convertirse en un movimiento nacional por los distintos derechos democráticos de los habitantes de México, encabezado claramente por la organización estudiantil.

Tras la intervención militar en distintos planteles de educación media superior pertenecientes a la UNAM y al IPN y la ocupación definitiva del campus central de Ciudad Universitaria por las fuerzas armadas del ejército nacional, en una orden directa del presidente Gustavo Diaz Ordaz; el movimiento estudiantil, que tanto había pugnado por la resolución pacífica del conflicto y que al mismo tiempo había caído siempre en los engaños de la buena voluntad gubernamental, se fortaleció impresionantemente.

En una carta dirigida a la presidencia de la república, los más grandes intelectuales del momento, nacionales e internacionales como José Revueltas, Carlos Monsiváis o Paul Leduc, repudiaban los actos de represión anti constitucionales ejercidos por el gobierno no sólo a los estudiantes, sino al pueblo de México, exigiendo la liberación de los presos políticos y el respeto a la autonomía universitaria.

En la misma semana, el 23 de septiembre de 1968, el rector de la universidad Francisco Barros Sierra, presenta su renuncia ante la junta de gobierno con el enérgico rechazo de las fuerzas armadas en CU y la sincera admisión de su falta de capacidad política para resolver el conflicto, debido a las presiones estatales ejercidas sobre los más profundo de la estructura universitaria.

Durante 14 días, hasta el trágico evento del 2 de octubre, los estudiantes trabajaron, política y literalmente sin cuartel, en las actividades y con las caras de los compañeros que tenían ya muy bien aprendidas; sin importar el terror y la violencia ejercida por el cuerpo estatal, durante esos días se fortaleció el brigadeo, las entrevistas, las declaraciones y la cohesión social, a tal grado que se logró que la junta de gobierno de la UNAM declinara la renuncia del rector y este pudiera seguir apoyando el movimiento desde su cargo.

El apoyo nacional al movimiento se hace ver después del llamado directo a los estudiantes , académicos y demás comunidad educativa, por parte del rector Barros, a no dejar la lucha contra los actos del estado y a cumplir con la responsabilidad que la Universidad tiene con el pueblo mexicano. Estados como Oaxaca, Yucatán,Monterrey, Puebla, Sinaloa, entre otros, se pronunciaron a favor de los estudiantes, pararon instituciones y mandaron contingentes para apoyar la resistencia.

Gracias a la presión ejercida por, y a estas alturas, la ciudadanía, el ejército desocupa la Ciudad Universitaria el 30 de septiembre, tres días después de la primera concentración en Tlatelolco, misma en la que se acuerda el evento del 2 de octubre en el que se tenía contemplada la asistencia de más de 5600 personas.

Tras la salida del ejército del campus central el Consejo Nacional de Huelga se reúne en el auditorio de la Facultad de Ciencias para organizar las próximas movilizaciones del 2 de octubre, que consistirán en un mitin en la Plaza de las Tres culturas y una marcha hasta el, recién ocupado por las fuerzas armadas, Casco de Santo Tomas donde se anunció el inicio de una huelga de hambre como medida de protesta para evitar la confrontación directa con el estado de Díaz Ordaz.

La noche del primero de septiembre de 1968, las autoridades del Gobierno del priista contactan con los dirigentes estudiantiles y en una reunión se acuerda que habrá una pacífica resolución del conflicto, por lo que los estudiantes, en un acto de buena voluntad, deciden cancelar la movilización al Casco de Santo Tomás y anunciar las nuevas medidas de protesta en Tlatelolco.

El 2 de octubre, después de la participación de varios dirigentes estudiantiles, alrededor de las cinco y media de la tarde, un helicóptero lanza un par de bengalas sobre la multitud de más de 10 mil personas, entre las que se encontraban no solamente estudiantes, sino padres de familia, niños, obreros y demás ciudadanos, y comienza la tan conocida masacre.

Cientos de muertos, miles de detenidos y heridos, el CNH apresado y el movimiento estudiantil en declive, fue el saldo rojo que dejó una de las decisiones más clasistas, bajas, frías y despreciables que ha tomado el gobierno en la historia del México moderno hasta nuestros días.

Esa misma semana, el gobierno y la universidad firman una tregua a espaldas del CNH y se inauguran, en el Estadio Olímpico Universitario, las XIX Olimpiadas bajo el hipócrita lema “¡Todo es posible en la Paz!”.

Hoy a 53 años de la masacre, el movimiento estudiantil sigue diluido, con prácticas avejentadas y desinformadas de lucha política y social, gracias a la desarticulación resultante de la violencia ejercida por el estado sobre los estudiantes mexicanos.

Sin embargo, recordamos esta fecha con gratitud y admiración por aquellos que murieron por dejar en la historia inspiración para, a pesar de todo, no permitir nunca más la represión en contra de la juventud mexicana.

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