Agua Negra

Aaron Cruz Soto

Por Aaron Cruz Soto / Cuento

Eran los personajes

 

Entonces Dragón Ball, Tazos de Sabritas, Junta tres tapa roscas y llévate un llavero de la selección mexicana, Michael Jackson murió, AH1N1, Naruto, temas de los niños de Xulu cuando jugaban The King of Fighters en la cantina “La Chinita” que estaba al lado de la carretera “Internacional  Independencia” ingiriendo Coca-Cola, cerveza, Sprit, mezcal, galletas “Emperador”, Marías, Sabritones, Churrumais y demás novedades que llegaban a las misceláneas. Jacob  tenía el más alto score en los videojuegos de la cantina, en todos sin excepción se veía su apodo “Pompín” en el primer lugar cuando se consultaban los récords. Durante las fiestas del pueblo vendía pollos rostizados a los turistas gringos  que llegaban en autobuses gigantes, una porción de las ganancias utilizaba para comprar Sabritas  y la otra  se la daba a su madre, inventándole alguna excusa de la falta de dinero por cada pollo vendido. Con el tiempo y al paso de cientos de Tazos, Jacob logró al igual que en los videojuegos ser considerado unos de los mejores del pueblo, hasta llegaron a invitarlo a un torneo que se organizó en la ciudad, pero ese día tenía que matar pollos e ir a los quince años de su prima y no le daba tiempo.

A un kilómetro de la casa de Jacob vivía Silvio. Hijo de una pareja escritores exiliados de Chile que habían decidido quedarse a vivir en Xulu por considerarlo un lugar tranquilo. Los padres se dedicaban a ganarse becas, llevar al niño a la primaria, apoyar a la gente en sus pleitos legales, cultivar hortalizas en su casa, barrer la banqueta, enseñar en un taller de lectura e intrigar con los comuneros contra la fábrica de plásticos. Silvio pasaba  los días con Jacob, en todas las ocasiones,  estaba detrás, cuidando a su amigo. No es que Jacob lo desplazara, simplemente le gustaba acompañarlo. Silvio el callado, el retraído,  solitario por convicción e incapaz de hablar con otros niños. Sus padres le organizaban convivíos para integrarlo con los demás niños, él siempre los pasaba junto a Jacob. Los dos iban  al arroyo contaminado por la fábrica, jugaban Tazos en el parque, trepaban árboles, quemaban hormigas, comían  galletas Marías sopeadas en Coca-Cola, iban a la cantina a jugar video juegos, al estar en pugna con otros niños ambos participaban en las madrizas, mataban pichones con sus resorteras, jugaban al jaripeo con escobas. Silvio asistía a la escuela “Niños Héroes” mientras que Jacob a la “María Morelos” que era el mismo edifico, sólo que la primera en la mañana y la segunda en la tarde. 

Al salir de la escuela los niños jugaban  en el río, se empujaban  para ver quién se caía en el agua negra que corría. En algunos ratos Silvio y Jacob también iban,  ahí jugaban a Naruto, una serie japonesa que pasaba por la televisión. En ese juego cada uno personificaba a Naruto Uzumaki o Sasuke Uchiha, eran los héroes  que vencían a las fuerzas malvadas que atacaban  a la Aldea oculta de la hoja. Se golpeaban, empujaban, caían al río, tomaban por accidente agua de él. Y eran importantes ambos, tenían un mundo en minutos y los minutos eran golpes falsos que se reflejaban en el negro del río. El juego terminaba siendo un híbrido entre la serie de televisión y sus mentes. Pensaban que la  realidad  era como una caricatura de la tele, comparaban sus vidas con las de los personajes, ellos eran los personajes.

Persona Moral

 

Los plásticos que se usaban en la fiesta del pueblo eran donados por la fábrica. A veces ella tomaba decisiones, parecía en algún momento  que fuera una persona, la gente hablaba mal de ella. Es que tiraba su basura en el río, de ahí que ya no existiera el río, sólo una corriente negra.

La fábrica tenía un cerebro de cuatro neuronas hechas de cuatro hombres. En realidad eran uno, una “persona moral”, podía hacer casi todo, cagar, golpear, respirar, comer, crecer, caminar, votar. Era miembro importante de la comunidad, tenía una altura de treinta metros, superficie de mil metros cuadrados y pesaba más que todos los habitantes del pueblo juntos. Todos la conocían pero pocos hablaban con ella de sus intimidades.

Había llegado dos años después del T.L.C, junto a unos ingenieros japoneses. Le propusieron a la presidencia municipal construir un panteón, una primaria y una nueva capilla para la virgen; la presidencia acepto, en seis meses casi se había terminado de construir el complejo. Llegaron cientos de trabajadores de la ciudad, estaban vestidos de  overoles  anaranjados que los hacían verse a varios metros, entraban a trabajar en la madrugada y salían en la noche, a todo momento se oía el crujir de los motores. Durante la madrugada el pueblo se mantenía en silencio, sólo se escuchaba uno que otro borracho hablando consigo,  todo el demás ruido venía de la fábrica, los que vivían cerca de ella no dormían bien; o eran los olores, el ruido, la sensación de estar al lado de una bomba atómica.

La gente después de algunos años ya se había acostumbrado a  ser vecino de la fábrica, esperaban la construcción de la capilla para la virgen.

¿Te imaginas ser como Naruto?

 

Los niños de Xulu  tenían metilmercurio en sus cuerpos, y no era por que tuvieran superpoderes como en la televisión, tampoco eran los chakras de los que hablaba Naruto, ni se volvían de la selección mexicana de futbol. Pero sí se quedaban ciegos, paralíticos, retrasados, débiles, entonces ya no podían hacer el paso de Michael Jackson Moonwalker  y se lamentaban por ello, querían ir otra vez  a “La Chinita” a terminar todos los niveles de The King of Fighters, claro esto lo pensaban cuando el dolor no era extremo. Dicen que los niños son muy resistentes. Se habían enfermado por el mercurio del río.

Los padres de Silvio llevaron a los dos niños al hospital civil de la ciudad. Todo corría a  su cuenta. Así que buscaron la forma que estuvieran en el mismo pabellón, junto a los demás niños intoxicados por mercurio,  era apocalíptico ver a tantos perdiendo la vista o siendo entrevistados por medios de comunicación.

La prensa internacional recordó a la Bahía de Minamata en Japón, los periódicos hablaban sobre ellos. Xulu, Minamata, aparecieron en el mundo, llegó el mundo a Xulu junto a médicos, biólogos, periodistas, y todo seguía igual.

La gente protestaba, gritaba, bloqueaba el pequeño acceso a la fábrica, los granaderos los quitaban. Algunos políticos iban de safari electoral, cazaban a quien podían, condenaban y salían rumbo a sus casas. 

Los padres de Silvio estuvieron siempre al frente, hablando, concitando. Su hijo era la bandera, con ella aumentaban su valor. Justificaban sus esfuerzos al verlo. 

 

La furia perduró años, creció, enraizó en sus habitantes, ya no les importaba la capilla de la virgen. Querían que volviera la inteligencia, ojos y piernas a sus hijos. Los  pobladores se hacían viejos, la fábrica se actualizaba. Entonces la furia se heredaba, las generaciones seguían gritando igual de fuerte que las primeras.

Jacob seguía frecuentando a Silvio, ambos con parálisis en piernas y manos. Ya no veían y tartamudeaban para hablar, así que cuando estaban juntos era para recordar. Los padres se acomodaban al lado de ellos para cuidarlos.  Silvio siempre le preguntaba a Jacob cómo estaba y él contestaba << ¿Te imaginas ser como Naruto?>>
 

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