A 50 años del concierto de The Doors en la Del Valle

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Ciudad de México.- La banda de rock y de culto The Doors también visitó tierras aztecas y lo hizo con su vocalista, el icónico Jim Morrison

Hace 50 años, el conjunto formada en Los Ángeles, California, tocó cuatro conciertos –los días 28, 29, 30 de junio y 1 de julio de 1969- en un centro nocturno que estaba ubicado en la colonia Del Valle, cuyo nombre era El Fórum, propiedad de Javier Castro, hermano del recientemente fallecido Gualberto Castro. 

Pocos recuerdan este episodio de la historia musical en nuestro país, pero Carlos Monsiváis lo documentó para la posteridad en su obra Días de guardar, en donde hay una mención sobre este acontecimiento y narra cómo pasaron su estancia Jim Morrison, John Densmore, Ray Manzarek y Robbie Krieger en México. 

El lugar donde “Las Puertas” hicieron sus presentaciones hace medio siglo, era chico. Estaba ubicado en Insurgentes Sur y Ameyalco, donde ahora se encuentra el restaurante Le Bon Vivant. 

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The Doors llegó al entonces Distrito Federal luego de un escándalo que protagonizó Jim Morrison, tres meses antes, durante un concierto en el Dinner Key Auditorium de Miami. El impacto fue tal que nadie quería arriesgarse para contratar a la banda. 

Por eso, a pesar de que los responsables de traerlos a México -Javier Castro y Mario Olmos- los habían contratado por 20 mil dólares para tocar en la Plaza de Toros México, donde no obtuvieron los permisos para hacerlo y tuvieron que recurrir a la opción de parar en El Fórum. 

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El barcito de la Del Valle estuvo a reventar durante las cuatro fechas, pero el público, en su gran mayoría, estaba conformado por hijos de políticos, como Alfredo Díaz Ordaz, hijo del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, y de empresarios, como Ricardo Salinas Pliego, actual propietario de Tv Azteca.  

Sobre este asunto, el baterista del grupo John Densmore, escribió en su biografía Jinetes de la Tormenta (1990): 

No pude soportar el club de clase alta tipo Las Vegas. El trato era que tocaríamos cuatro noches en aquel asqueroso agujero a cambio de actuar una sola noche en la Plaza de Toros para un gran público a precios accesibles. Debería haber sabido que eso no iba a suceder. El Heraldo de México nos llamó hippies e indeseables, se nos negó alojamiento en grandes hoteles. Antes de partir de Los Ángeles, nos aseguramos de que el avión no hiciera escala en Mazatlán antes de aterrizar en la Ciudad de México, porque si uno era hombre y llevaba cabello largo, se lo cortaban en el aeropuerto. 

No hubo actuación en la Plaza de Toros, ya que se corría el peligro de provocar disturbios; demasiado peligro de que nuestra música invitara a los campesinos (sic), así que empecé a odiar a los mexicanos ricos que llenaban ese club con sus camisas desabrochadas hasta la cintura. No podía comprender lo que decían; no era debido a la barrera del idioma, sino al tintineo continuo de sus cadenas de oro que llevaban colgadas del cuello. Se nos ofreció constantemente cocaína, cuya sola mención hacía que el mundo de Jim se estremeciera”. 

 

Fuentes: Días de Guardar, Carlos Monsiváis y http://www.elbarrioantiguo.com

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